
He muerto. Una y otra vez repetía 'He muerto'. Y sentía la ruptura de mis huesos mas estaba vivo mi deseo por ti. Era aire, astro diluído. Y seguía deseándote.
El sueño era fronterizo. Mi cuerpo se había esfumado como arena volátil. Y me recomponía entre los sonidos de la ciudad nocturna y tu voz distante. Tu voz profunda acosando mis horas.
Viniste de pronto a mí, a mi cuerpo despierto, renacido. Y tu cara me conmovió al tener el gesto altanero: te vi hermoso y supe que me veías hermosa.
Extendiste tus brazos y me elevaste entre tus piernas y resplandecías besando mis senos y la abertura de mi sexo. Y yo te sonreía imperceptiblemente, conteniendo tu amor negro, mientras los cristales se rompían ante tu voz que me llevaba a ti, a tus entrañas, y a mi centro.
En algún lugar sueñas que entras a mí y yo al soñar entro a ti, y todo parece perfecto.
Y estás lejos, el sueño es sueño y ambos nos espiamos.
Entretanto el cielo se vuelve azul, otra vez y extraño su espesura. Te extraño.
Ilustración: 'Misterio de agua', de Suzart.